Un buen hábito


Ya tenés pensado qué te vas a poner. Te levantás, desayunás a las corridas, te bañás, te arreglás un poco el pelo. Maquillaje? No llegás! Cuando te vas a vestir, descubrís que a tu única camisa blanca le falta un botón! Y ahora? Ni pensar en coserlo! Se te haría tarde! No queda otra! A buscar otra cosa para ponerte! Revolvés y revolvés tu placard y nada! Lo que no está sucio, está arrugado. Ya fue! Y, salís con una remera arrugada y el mismo pantalón del día anterior, una vez más, rogando no encontrarte con nadie!

Si no querés que eso se vuelva la pesadilla de todos los días es fundamental que, cada tanto, te tomes un rato para revisar tu ropa y arreglar o mandar a arreglar aquella que no esté en condiciones. Podés tener mucha ropa pero si no está planchada, cosida y en condiciones, NO SIRVE.

Al comienzo puede ser tedioso, pero te evitará malos ratos y, con el tiempo, se volverá un buen hábito. Tener toda tu ropa lista para ser usada cada vez que vas a salir no tiene precio. Evitará que te frustres y pongas de mal humor y perderás menos tiempo, cada mañana.

Hacé la prueba!!